El Síndrome del Niño Consentido

El Síndrome del Niño Consentido

Julio 14th, 2010  |  Published in PSICOLOGIA

Por:Petar Radic, Psicólogo

El infante que suele ser gratificado con todo lo que quiere, tan sólo basta que pida algo para obtenerlo de inmediato, padece el “síndrome del hijo consentido”. Tiene la actitud de aparentar ser un pequeño alegre y muy agradecido, pero tiene la triste realidad de contar con papitos permisivos que permiten que crezca sin límites permanentes. Siempre cuenta con algún progenitor que desempeña el papel de cómplice de su hijo, es decir, que siempre justifica sus faltas, caprichosos y permite que sea en todo momento demandante y acepta que tenga baja tolerancia ante la frustración. Los adultos complacientes que siempre lo rodean están a su pleno servicio de manera incondicional, por lo cual tiene dificultad cuando no está con su familia para adaptarse socialmente; quiere tener los mismos privilegios que en casa y se da cuenta que su mundo de caprichos es muy pequeño.

Su interés por tener cosas es sólo momentáneo, al poco tiempo se deshace de sus juguetes o los rompe y comienza a estar aburrido de todo, por querer tener más de una cosa a la vez. Nada lo satisface y no logra la conformidad. No admite la negación y menos que sea contrariado, pues pretende salir siempre con la suya y no tiene consideración con los demás.

El síndrome del niño consentido, caracteriza a un niño ególatra, que posee la fantasía que el mundo gira a su alrededor para satisfacer sus deseos e intereses. El pequeño egoísta suele ser antipático y tiene la autocredibilidad de ser muy especial y mejor que otros niños, buscando permanentemente llamar la atención de sus padres para ser admirado. Le fastidia compartir y realiza escándalo cuando tiene que esperar con berrinche incluido. Tiene la negativa actitud que sus deseos sean cumplidos de forma automática. Niño pedante que sólo quiere disfrutar del hedonismo, esto último significa que goza con sólo lo que le apetece  y rechaza todo lo relacionado con el esfuerzo personal de vivir, es decir, busca el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo. Aborrece que sea frenado y limitado en tener el control de su casa, logrando ser la manzana de la discordia. Por ello suele ser común que todos los integrantes de su familia terminen peleando por su culpa. Su hedonismo suprime todo lo relacionado con el deber-ser y repele algún “no” como dejar el computador, o tener que apagar la televisión o algún juego electrónico por hacer sus deberes escolares. Estalla de rabia y de cólera, pues su carácter explotador en sus relaciones personales genera un constante objetivo de aprovecharse de los demás para conseguir sus propios fines, como por ejemplo saber “disfrazarse” de cariñoso para que le compren algo.

Carece de empatía o de colocarse en el lugar del otro, haciendo sufrir a las personas más cercanas que lo quieren. El pequeño consentido, no admite aceptar algún mandamiento religioso o prohibición, solamente quiere pasarla bien y que sus papás y profesores no lo molesten, que no le exija ni le digan nada. Suele ser nihilista o escéptico, siendo un prototipo de anarquista infantil: está en contra de todo lo relacionado con la autoridad de su padre, madre y profesores, no acepta hábitos, normas y menos reglas de convivencias. Le enfada tener que cumplir con las órdenes de sus progenitores y busca siempre escusas y vive realizando transgresiones. Siendo adicto al libertinaje, esto significa querer hacer lo que quiere y lejos de acceder al deber-ser y opta por perder su tiempo todo el día en situaciones poco productivas. Suele ser común que contamine y arruine el ambiente familiar y escolar por su mal humor, siendo incapaz de adaptarse a las exigencias de la realidad con su actuar soberbio y de manera desordenada con el objetivo de realizar el mal a los demás, no aceptando normas ni buenas costumbres. Cada vez que sale con sus padres, quiere que le compren todo lo que quiere, si llegase a existir algún “no”, despliega su arsenal de caprichos como enojarse, gritar, ser grosero y muy llorón.

El consentido no acepta perder, suele ser envidioso y celoso e insatisfecho, siendo increíble que entre más se esfuerce y logre que sus padres le den en el gusto, más infeliz se siente. Descontento y malhumorado, parece aplicar la ley del “saco roto”: entre más le dan, peor se comporta. Los padres son presa de la trampa de pensar que si logran complacerlos en todos sus caprichos, su hijo estará contento y tranquilo. Así, se convierten en niños flojos que siempre dependen de otros para que les hagan todo, estando muy acostumbrados a recibir y negar dar algo de sí mismos.

RECOMENDACIÓN

Se recomienda que el progenitor cómplice del hijo/a consentido, tome cartas en el asunto para que no siga consintiendo a un niño que, probablemente, termine en una celda de cárcel cuando sea joven.

BIBLIOGRAFIA

El artículo fue confeccionado por la experiencia clínica de atender niños de clase media y clase alta que suelen ser criados sin límite financiero y son capaces de tener lo que quieren, sin el mínimo esfuerzo.

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